Dios quiere bendecir todos los aspectos de nuestra vida como una poderosa evidencia de su gracia abundante, pues nos ama sin condiciones y solo quiere lo mejor para nosotros. Tomarse el tiempo para reconocer a Aquel que camina fielmente a nuestro lado, al meditar y escucharlo, nos permite orar con confianza como lo hizo David: “Con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre” (2 S 7.29).

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